Lágrimas en mi almohada

mega-church¿En qué piensas justo antes de dormir? Quizás en muchas ocasiones sólo pensamos en nuestra agitada vida y todo lo que tenemos que hacer al siguiente día; que de todas formas son demasiadas tareas para 24 horas. Acostados en nuestras cómodas camas, muy ocupados en nuestras cuentas de Facebook… Muchos buscando pauta. Muchas noches mi almohada se llena de lágrimas… Lágrimas por las niñas que en ése preciso momento están siendo abusadas en mi país, en la India, en Siria… Lágrimas por los niños vendidos para ser prostituidos… Lágrimas por los santos que son perseguidos en los países dónde el evangelio es ilegal. Lágrimas por aquellos a quienes invisibilizamos. Y aunque lloro mucho por ellos, más lloro por la Iglesia en América. Más lloro por mí. Más lloro por nuestra dejadez. Más lloro por nuestra indiferencia. Más lloro por nuestro enojo. Más lloro por nuestra cobardía, y falta de amor y arrepentimiento. A veces pienso que no hemos conocido a Cristo, y sólo oro que lo podamos hacer… Que Él nos encuentre, y encontrados, lo escojamos a Él. Oro pidiendo que vea mi propio pecado cada día y corra a la Cruz.

La efectividad del pastorado es determinada por su teología de varilla y cemento, como la llama un amigo. La efectividad de una iglesia es determinada por lo lujoso de su templo, la gran calidad musical, y el número de personas. Sin embargo, la efectividad de la Iglesia está en mantener la pureza del evangelio… Y estámos atrapados en el intento de cumplir con los estándares del mundo. Pero, ¡oh, cuán equivocados estamos! Buscamos la realización personal, y al final vamos al templo a adorarnos a nosotros mismos, porque no, ése no es el Dios de la Biblia. El Dios de la Biblia nos manda a negarnos a nosotros mismos, a dejarlo todo por Él, a amar a nuestro prójimo. ¡Oh cuán lejos estamos!

Muchas noches hay lágrimas en mi almohada… Muchas noches lloro por la Iglesia Perseguida, pero más lloro porque la Iglesia en América parece haber dejado el evangelio. Volvamos a Cristo, a la Palabra. Y sí, ¡que hayan lágrimas en nuestras almohadas que se conviertan en oraciones de un corazón sincero ante Dios! Él escuchará.

– Juliany

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