Evangelio: Buenas noticias ¿para quién?, ¿para cuándo?, y ¿para dónde?

“¿Qué es el evangelio?” Ya perdí la cuenta de cuántas veces se me ha preguntado o yo he hecho la pregunta. Y una y otra vez se repite la respuesta, “Buenas noticias.” Pero buenas noticias ¿para quién? ¿Para aquellas personas que son aceptables ante la sociedad? ¿Para nosotros? ¿Para nuestros familiares y las personas que amamos?

Una noche, a un servicio de adoración de una iglesia en el área noreste de Puerto Rico, llegó un hombre marginado debido a su alcoholismo. Cuando él se sentó en la primera banca, varios hermanos hermanas se incomodaron por su presencia. Así que, acto seguido, dos varones, incluyendo un líder de la iglesia, se acercaron al hombre y le pidieron que les acompañara al baño que quedaba en la parte de atrás del templo. Al pasar el tiempo, el pastor asociado de la congregación notó que el joven no había regresado al espacio principal del templo, el santuario, así que se acercó a los dos varones, y al preguntarles por el hombre, ellos muy orgullosamente le indicaron que lo habían escoltado fuera del templo para que no estorbara.

Mientras la congregación cantaba al Dios que en la Escritura se identifica como “Padre de huérfanos y defensor de viudas,” como el que “hace habitar en familia a los desamparados” y “saca a los cautivos a prosperidad” (Salmo 68:5a, 6a-b), un hombre era sacado fuera del templo por la puerta trasera para que no estorbara.

El evangelio, ¿es buenas noticias para quién? ¿Para las mujeres que sufren violencia en sus hogares y son aconsejadas por líderes eclesiásticos a “ser fieles a Dios” y “tener fe” -viviendo más o menos muertas mientras esperan “que Dios lo cambie”? El evangelio, ¿es buenas noticias para todo un pueblo que se ve afectado por la corrupción gubernamental e institucional, mientras líderes eclesiásticos se venden a alianzas político partidistas?

El evangelio de Jesús es buenas noticias para todos y todas. Pero si prestamos atención a las prédicas en muchas de nuestras iglesias, a aquello que nos escandaliza y por lo que hacemos marchas multitudinarias, y especialmente aquello ante lo que hacemos silencio, nos damos cuenta de que hay evangelios y hay evangelios.

Hay evangelios que solo son buenas noticias para sectores selectos de la sociedad.

Hay evangelios que son buenas noticias para la vida después de la muerte, pero no para la vida en esta vida.

Hay evangelios que buscan salvar una parte de nosotros -el alma/espíritu- y quemar la otra- el cuerpo.

Hay evangelios que son individualistas.

Hay evangelios que se quedan dentro del templo con sus servicios de adoración, retiros, y conciertos, pero que no cruzan la calle para verificar que Doña Monce se encuentre bien.

Hay evangelios que organizan marchas multitudinarias en contra de legislación que beneficie a la comunidad LGBTQ+, pero que luego de 23 mujeres asesinadas el año pasado en casos de feminicidio no han dicho ni hecho nada.

Hay evangelios que van a República Dominicana cada año en viajes misioneros, pero se ríen de y hacen chistes racistas que presentan a nuestros hermanos y hermanas dominicanos como inferiores.

Hay evangelios que sirven allá pero no acá.

Esas son las malas noticias de algunos evangelios de nuestras iglesias. Sin embargo, la Escritura nos presenta el evangelio de Jesús como algo diferente, como verdaderas buenas noticias no tan solo para templos sino que también para la calle; no tan solo para aquellos en posiciones de poder sino que especialmente para los marginados, rechazados, y juzgados; no tan solo para la vida después de la muerte sino que también para la vida en esta vida (Lucas 4:18-19).

Una oración final: El Padre Nuestro desde Puerto Rico

(Una adaptación del famoso poema El Padre Nuestro desde Guatemala de Julia Esquivel)

Padre Nuestro,

Creador de las 23 mujeres puertorriqueñas

Asesinadas a manos de hombres que un día dijeron que las amaban.

Jacqueline Vega, Moesha Hiraldo,

Aida Irizarry, Ilia Millán,

Maritza De Jesús, Zuliani Calderón,

Loren Figueroa, Milagros Ortíz,

Annette e Ingrid García, Francheska Miranda,

Frances Pagán, Marisol Ortíz,

Rosabel Rodríguez, Nilda Medina,

Sandra Marrero, Pilar Hernández,

Leissin Ortíz, Ana María Morris,

Shakira Carrero, Marisela Montañez,

Maribel Díaz y Dohanna Carrasquillo.

Su sangre pide justicia desde la tierra.

Padre de los hijos e hijas que hoy son huérfanos.

 

Padre Nuestro que no está ciego ante la corrupción política

respaldada por el silencio de pastores y pastoras

Que se benefician de relaciones de influencia

A cambio de endosos.

 

Tu Nombre es santificado,

En todos los que viven empoderados por tu Espíritu

Una vida que busca la justicia

Porque saben que otro mundo es posible.

 

Tu Nombre es santificado en todos aquellos que trabajan día y noche

Por sacar a sus hermanos y hermanas del analfabetismo,

La enfermedad, la explotación y la persecución.

 

Tu Nombre es santificado cuando recordamos y nos responsabilizamos

Por nuestros ancianos y ancianas,

Olvidados en un mundo que idolatra la juventud y cuya idea de productividad

Es explotación.

 

Que venga tu reino,

Tu reino que es libertad y amor,

Que es fraternidad y justicia

Que es derecho y vida,

Que es verdad y no mentira.

 

Tu reino que no hace transacciones

Con los intereses de quienes hacen trabajar

Como bestias a los pobres,

Ni con quienes instituyen la violencia

En la estructura judicial,

En la estructura educativa,

En la estructura económica,

Aprobadas ahora por hombres

que se dicen cristianos.

 

Que venga tu reino.

 

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