Un viaje comenzado hace años… o al menos eso me parecía.

Podría, y quizás sería hasta apropiado, comenzar diciendo que hoy comienza un viaje. Sin embargo, la vida es un contínuo, y al igual que muchos no están de acuerdo con el punto de vista dispensacionalista, no me parece certero encajonar la vida en estrictos periodos de tiempo. Al hacer esto ignoramos las etapas de transición, las cuales considero tienen una importancia inconmesurable. No obstante, he viajado de forma diferente estos pasados años, sobretodo este pasado año. Y al viajar de forma diferente hasta se siente que uno comienza un nuevo viaje. Así que al final del día quizás sí podría decir que es un nuevo viaje. Que contradictorio, ¿no? Pero, ¿no es contradictorio que hayan falsas conversiones en nuestras iglesias? ¿O que muchos cristianos piensen que son salvos, cuando en realidad no lo son? Mark Dever lo llamaría Falsas conversiones: El suicidio de la Iglesia, el título de uno de sus sermones. Pensé que había comenzado mi viaje como discípulo cuando niña, pero no, no había conocido el evangelio. No obstante, Dios guió mi vida hacia Él en su soberanía, por eso considero que es un viejo-nuevo viaje, porque lo que precede también cuenta, si no no hubiera llegado.

Fui criada en una comunidad de fe carismática, aunque ellos se consideran a sí mismos pentecostales. Se me enseñó que la salvación era por obras y debido al gran énfasis en la angelología -especialmente en los demonios- se me hacía difícil dormir sola. Buscaba desesperadamente la aprobación de Dios. Y llegó ese momento… Fue como si hubieran abierto una puerta majestuosa que antes observaba con fascinación pero que no sabía cómo abrir. Dios se había revelado y yo por años no lo había entendido. Dios en su soberanía había preparado todo para revelarse a mi vida a través de Su Palabra. Colocó hombres que con pasión me enseñaron Teología Sistemática e Historia de la Iglesia. Abrieron mis ojos a los académicos y escritores evangélicos cuya prioridad es glorificar a Cristo. Me enseñaron a amar Su Palabra y fueron ejemplo de obediencia. Aprendí acerca de la Reforma Protestante, de Martín Lutero, de John Hus, de la Iglesia perseguida… Aprendí que la salvación era por gracia… Fui salva. Cristo me encontró. Entonces comencé un viaje que pensaba había comenzado hace años… Comencé a caminar como discípulo. En una paráfrasis de las palabras de David Platt en su libro Sígueme: Es posible ser un cristiano no convertido al vivir una religiosidad superficial en lugar de una regeneración sobrenatural.

El propósito de este blog es compartir mi viaje como discípulo de Jesucristo; un viaje que pensaba que había comenzado hace años, pero que me parece que realmente he comenzado recientemente. Y no tan sólo deseo compartir mi viaje personal, sino que espero que a través del mismo otros vengan a Jesús.

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

– 2 Corintios 5:19-21 (RVR1960)

-Juliany

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